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Cuando el estrés se refleja en la boca

Parece que una de las palabras que se ha puesto de moda últimamente es el Bruxismo. ¿Y que és? Básicamente, es apretar o rechinar los dientes (normalmente de noche) aunque también se da en momentos de tensión, estrés o concentración durante el día.

¿Por qué cada vez es más común? En los últimos años se ha relacionado con el ritmo de vida que llevamos actualmente. De hecho, el Estudio Sanitas de Salud Bucodental 2026 señala que el estrés multiplica por tres el bruxismo en España, mostrando una relación clara entre la tensión emocional y el hábito de apretar o rechinar los dientes.

Aunque hay personas que achacan este problema a la parte dental, existen otros múltiples factores asociados a esta terrible manía como, por ejemplo, el trabajo excesivo de nuestra mandíbula. Esto nos puede generar dolor de mandíbula, sensación de presión en la cara, chasquidos al abrir la boca o dificultad para masticar. Aunque el síntoma más común es el dolor de cabeza. La tensión puede irradiarse hacia las sienes, la frente, los oídos e incluso la zona cervical. Por eso, muchas personas que sufren mareos frecuentes no relacionan el origen del problema con la boca o con la mandíbula.

Otros de los síntomas característicos es la tensión en el cuello y hombros al estar conectados con la mandíbula. Cuando apretamos los dientes durante horas, el cuerpo responde aumentando la tensión de los músculos cercanos. Esto puede provocar una sensación de carga constante, dolor al despertar o molestias que empeoran en épocas de estrés.

Algunas señales de alerta son despertarse con la mandíbula cansada, notar los dientes sensibles, tener dolor cerca del oído, sufrir mareos repetidos o sentir que cuesta abrir la boca con normalidad.

En nuestro caso, desde la fisioterapia, se trabaja la musculatura mandibular y cervical mediante terapia manual, ejercicios específicos, técnicas de relajación y educación para reducir la tensión diaria. Además, es importante revisar hábitos como abusar del café, dormir mal o mantener posturas tensas durante mucho tiempo.

Dolor cervical por pantallas y móvil

El uso constante de dispositivos informáticos (ordenadores, móviles, tablets) para realizar todo tipo de tareas laborales o de ocio provoca que pasemos muchas horas conectados. Estas nuevas rutinas adoptadas, aparentemente inofensivas, tienen consecuencias sobre nuestra salud, especialmente en nuestra zona cervical.

Una de las consultas más habituales en fisioterapia es el dolor cervical por estos motivos: rigidez en el cuello, molestias en los hombros, tensión en la parte superior de la espalda o incluso hormigueo en brazos y manos. ¿Causa principal? Mantener la misma mala postura durante mucho tiempo.

¿Por qué ocurre esto? Cuando utilizamos estos aparatos electrónicos, solemos inclinar la cabeza hacia delante o apoyar los brazos en una posición forzada. Estas posiciones hacen que la carga que soportan nuestras vértebras cervicales se incremente obligando trabajar más a nuestra musculatura de cuello y hombros. Cuanto mayor es la inclinación, mayor es la tensión, apareciendo sobrecargas y contracturas. Además, se agrega que nos movemos menos y mantenemos la tensión durante más tiempo.

¿Que tenemos que hacer para que esto no suceda?

– Hacer pequeños cambios que marquen la diferencia: situar la pantalla a la altura de nuestros ojos o en una posición más cómoda para nuestro cuello, regular la silla o apoyar los pies en el suelo. Con estos pequeños cambios, notaremos una importante mejoría en nuestro cuerpo.

– Hacer pausas frecuentes : levántate cada cierto tiempo, mueve el cuello suavemente, relaja tus hombros o camina durante unos minutos para relajar tu cuerpo.

– Hacer ejercicio : Si tienes un trabajo de oficina y pasas mucho tiempo delante de un ordenador, intenta fortalecer la musculatura superior para que tu cuello soporte mejor el día a día. Haz estiramientos que alivien la congestión de la zona.

¿Cuando debes visitarnos?

No esperes a que tu dolor sea insoportable y te cree una limitación en tu actividad, realizaremos terapias manuales, ejercicios específicos que mejoren tu postura y hablaremos sobre modificaciones de tus hábitos diarios que te ayuden a no encontrarte en estas situaciones.

Casi todas las veces que nuestros clientes vienen a vernos, les explicamos que es necesario “escuchar” a nuestro cuerpo ya que las señales suelen presentarse antes de las molestias agudas. Y, sobre todo, lo más importante es no insistir en estos comportamiento para que el problema no se vuelva crónico.

Ponte en contacto con nosotros, solicita tu cita y te ayudaremos a mejorar tus posturas.

Dolores crónicos del tobillo

Dolor crónico de tobillo: causas, síntomas y tratamiento

El dolor crónico de tobillo es una molestia persistente que se mantiene durante semanas o meses, o que reaparece con frecuencia tras una lesión, una sobrecarga o un problema articular. Puede afectar a la movilidad, limitar la actividad física y dificultar acciones cotidianas como caminar, subir escaleras o permanecer mucho tiempo de pie.

¿Qué se considera dolor crónico de tobillo?

Se habla de dolor crónico cuando la molestia no desaparece tras el periodo normal de recuperación o cuando vuelve de forma repetida. En el caso del tobillo, una de las causas más habituales es una lesión previa, especialmente un esguince mal curado o una rehabilitación incompleta. La American Orthopaedic Foot & Ankle Society señala que la causa más común del dolor lateral crónico de tobillo es la curación incompleta tras un esguince.

Principales causas del dolor crónico de tobillo

1. Esguinces mal recuperados

El esguince de tobillo ocurre cuando los ligamentos se estiran o se rompen por una torcedura. Aunque muchas personas mejoran con reposo y rehabilitación, si el tobillo no recupera fuerza, movilidad y estabilidad, puede quedar dolor persistente o sensación de inseguridad al caminar. La AAOS indica que una rehabilitación incompleta es una causa frecuente de inestabilidad crónica de tobillo tras un esguince.

2. Inestabilidad crónica del tobillo

La inestabilidad aparece cuando el tobillo “cede”, se tuerce con facilidad o se siente débil. Puede producir dolor, inflamación recurrente y miedo a apoyar bien el pie. Según revisiones clínicas, una parte de los pacientes que sufren esguinces de tobillo desarrollan inestabilidad crónica, especialmente si hay lesiones repetidas o mala recuperación funcional.

3. Tendinitis o tendinopatías

Los tendones que rodean el tobillo pueden inflamarse o degenerarse por sobreuso, mala pisada, calzado inadecuado, deporte intenso o aumento brusco de la actividad. Una causa frecuente es la tendinitis aquílea, que puede provocar dolor en la zona posterior del tobillo y el talón, especialmente al caminar, correr o ponerse de puntillas. El NHS incluye la tendinitis de Aquiles entre las posibles causas de dolor en tobillo y talón.

4. Artrosis o artritis

El desgaste del cartílago de la articulación puede generar dolor, rigidez, inflamación y pérdida de movilidad. La artrosis de tobillo puede aparecer tras lesiones antiguas, fracturas, esguinces repetidos o alteraciones de la alineación del pie. Hospital for Special Surgery menciona la artritis como una de las causas frecuentes de dolor crónico de tobillo.

5. Lesiones del cartílago

Después de un golpe, una fractura o un esguince importante, puede dañarse el cartílago de la articulación del tobillo. Estas lesiones pueden provocar dolor profundo, bloqueos, chasquidos, inflamación o sensación de que algo “roza” dentro de la articulación. También se incluyen entre las causas de dolor persistente de tobillo.

6. Fracturas por estrés

Las fracturas por estrés son pequeñas fisuras en el hueso causadas por cargas repetidas. Son más frecuentes en deportistas, personas que aumentan rápido el entrenamiento o quienes trabajan muchas horas de pie. Pueden causar dolor que empeora con la actividad y mejora con el descanso. HSS las incluye entre las causas posibles del dolor crónico de tobillo.

7. Problemas de alineación o pisada

Una mala alineación del pie, el tobillo o la pierna puede aumentar la presión sobre ciertas zonas de la articulación. Esto puede favorecer sobrecargas, tendinitis, artrosis o dolor persistente. HSS también identifica los problemas de alineación como una causa relevante de dolor crónico de tobillo.

Pie plano y sus causas

Pie plano: qué es y cuáles son sus principales causas

El pie plano es una condición en la que el arco interno del pie está disminuido o desaparece, de modo que gran parte —o toda— la planta del pie toca el suelo al estar de pie. Es una situación frecuente y, en muchos casos, no causa dolor ni requiere tratamiento. En bebés y niños pequeños suele ser normal, porque los tejidos del pie todavía son flexibles y el arco plantar aún no se ha desarrollado completamente.

¿Por qué aparece el pie plano?

La causa principal del pie plano es la falta de desarrollo o el debilitamiento de las estructuras que sostienen el arco del pie, especialmente tendones y ligamentos. En la infancia, estos tejidos suelen estar más laxos; con el crecimiento, normalmente se tensan y ayudan a formar el arco. MedlinePlus señala que este proceso suele ocurrir alrededor de los 2 o 3 años, aunque en algunas personas el arco no llega a formarse del todo.

En adultos, el pie plano puede aparecer aunque antes se tuviera un arco normal. Esto se conoce a menudo como arco vencido o pie plano adquirido. Puede deberse al desgaste con la edad, lesiones en el pie o el tobillo, enfermedades inflamatorias o problemas en los tendones que sostienen el arco. Mayo Clinic indica que también puede aparecer después de una lesión o por el desgaste natural asociado al envejecimiento.

Causas y factores de riesgo más comunes

Entre las causas o factores que pueden favorecer el pie plano se encuentran:

  • Herencia familiar, ya que algunas personas tienen mayor predisposición a tener arcos bajos.
  • Laxitud de ligamentos y tendones, frecuente en la infancia.
  • Obesidad, porque aumenta la carga sobre el arco plantar.
  • Lesiones en el pie o el tobillo.
  • Envejecimiento, por desgaste progresivo de las estructuras de soporte.
  • Artritis reumatoide u otras enfermedades articulares.
  • Diabetes, especialmente si existe afectación nerviosa o cambios estructurales en el pie.